Reflexiones atenienses

Hoy no os voy a contar algo bonito. No será la típica guía sobre Atenas. Hoy toca algo feo, dejado, sucio y abandonado. Me gustaría compartir con vosotros una reflexión personal que me ha suscitado una de las ciudades más bonitas que he visitado.

Pero, espera, ¿no decías que ibas a hablar de algo feo, dejado, sucio y abandonado? ¿Cómo algo así puede ser bonito? Pues verás, porque la belleza se puede encontrar en aquellos lugares donde no solemos buscar aquellos que viajamos. Esta entrada es una defensa a la fealdad de las ciudades del sur de Europa, lejos de la mediocridad del norte y su ostentosidad.

Hoy va por Atenas.

Guía sobre Atenas poco correcta
Puesta de sol desde el Kerameikos. Ves, dentro de la fealdad superficial siempre hay belleza.

La primera vez que viajé a Atenas muchas personas me dijeron que no era una ciudad bonita. Ya sabéis, que no es de esas ciudades que fotografías continuamente porque no te salen monumentos, iglesias y cosas del estilo en cada esquina. No es como Roma, que te chocas con obras de arte a cada paso que das, me decían. Ni como Berlín, cosmopolita, con el bullicio de ciudades que no duermen; no es como Viena, monumental y pretenciosa. Tampoco es como París, la ciudad del amor, de los sueños revolucionarios y el suelo adoquinado.

Guía sobre Atenas poco correcta
La contaminación escondida no quita la belleza de su portador

No, Atenas no es como ninguna ciudad europea. Atenas es única, es la niña fea, sucia, despeinada, con una infancia terrible y un porvenir inescrutable.

Sus obras de arte son vestigios que se han hecho a la maleza, a las malas hierbas, a la pátina mohosa del paso del tiempo. Es multicultural, un mejunje precioso y enriquecedor, de esos que te saben a milenios y siglos de cultura europea y asiática. No duerme, no, porque tiene que trabajar para seguir adelante, aunque la veas desfallecer. Su humildad no tiene fronteras, ni siquiera más allá del barrio de Exarchia.

Esta niña no sabe lo que es el amor y tampoco quiere saberlo, desengañada ya de las insulsas costumbres occidentales que tanto daño le han hecho. Su suelo adoquinado está bajo una masa de asfalto esperando ansiosa a que pasen miles y miles de rodadas para volver a salir a la luz y poder gritar al mundo que están ahí, palpitantes, las ganas de demostrar al mundo que su pueblo sigue luchando por no desfallecer. Porque sabéis, el ejemplo de Europa no son esos países superficiales y monocromáticos del norte, el ejemplo de Europa es el pueblo griego.

No. Atenas no te va a gustar porque no es una ciudad que te cuenta las delicias de occidente. Ni te va a recibir con bandejas de plata, con calles de algodones, con fachadas de mármoles imperecederos. Te va a golpear donde más duele, porque es una ciudad cuyo pueblo sufre las humillaciones de Europa, porque sus gentes tienen que sufrir los estragos del capitalismo más decadente, y está luchando para que pueda volver a respirar tranquila y decir “ya pasó, puedo volver a brillar”.

Guía sobre Atenas poco correcta
El manto blanco de edificios que cubre Atenas

No puedes ir a Atenas y no sentir su llamada desesperada. No deberías juzgarla por sus edificios abandonados, por la suciedad de sus calles, por los perros abandonados guardianes de aquellos monumentos perdidos por el paso del tiempo, por los camareros ansiosos por que ocupes un lugar en sus terrazas… Pero sí por los barrios que acogen a refugiados que huyen de las guerras y les dan todo lo poco que tienen, por las gentes que ayudan a sus compañeros de lucha y les ofrecen un techo bajo el que dormir, por los médicos que se ofrecen para atender a aquellos que no pueden pagarse una consulta médica en pleno siglo XXI, por los estudiantes que salen a la calle día sí y día también a defender los derechos que su padres consiguieron con tanto esfuerzo y que hoy, esta Europa asesina y corrupta, les (nos) está quitando.

He visitado dos veces Atenas en mi vida. La primera me fui con esa sensación extraña, maniqueísta, todavía adolescente, de que no sabía si me había gustado o no. La segunda vez, más adulta, más formada, me di cuenta de todos estos secretos que estaba soltando a gritos. La tercera será como volver a casa.

¿Qué país o ciudad te desata este tipo de sentimientos? Cuéntame tu guía poco correcta.

Guardar

Guardar

6 comentarios en “Reflexiones atenienses

No te cortes, comenta...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: