Cuatro días de reencuentro y reconciliación con Londres

Pocas veces he viajado por los destinos elegidos sin una previa organización. Me gusta saber qué hay que ver, qué historia tiene cada lugar, etc. Esta vez no organicé nada. Solo teníamos planeados nuestros alojamientos y los vuelos. Lo demás, ya se iría viendo.

La última vez que estuve en Londres no llegué a apreciar todo lo que tenía por ofrecer. El tiempo no nos favoreció y no es una ciudad pequeña para recorrer caminando si no para de llover. Esta vez, a pesar de que el nubarrón no parecía querer marcharse, la lluvia nos ha dado una tregua y hemos podido patear la ciudad a nuestro gusto.

Una de las cosas que más me gusta de las ciudades grandes es su capacidad de sorprender. Puede que estés en el barrio más cutre y aun así encuentres lugares que jamás hubieses imaginado. Puedes levantar la vista y arrugar el ceño por esos edificios tan feos llenos de acero y cristal, y relajar el gesto al ver esa escultura de un cuervo aleteando por toda la fachada. Te puedes perder por barrios que no conocías y enamorarte de la arquitectura victoriana, de los ladrillos ennegrecidos; retrotraerte a las escenas de Mary Poppins y las mil chimeneas. Emociones encontradas en esta ciudad que no duerme.

Hoy, los primeros dos días, ¡que ya dieron para mucho!

Primer día, primer contacto: el Londres más turístico

Nuestro vuelo salía de Bilbao a las 12:30 hacia Londres. Con el cambio de horario estábamos en Londres sobre las 13:45. El vuelo lo hicimos con British Airways y tal vez haya sido el mejor vuelo que he tenido con una compañía low-cost.

Desde el aeropuerto de Heathrow hay varias opciones para trasladarse hasta el centro de Londres. Nosotros optamos por sacar la Oyster Card, una tarjeta monedero que sirve tanto para trenes como para buses. Es decir, engloba todo el transporte urbano de Londres. Puede sacarse en cualquier máquina de metro y requiere 5£ de depósito. Además, tiene la opción “refund”. Es decir, te devuelve el dinero que no hayas usado durante tu estancia en Londres en cualquier momento desde cualquier máquina de metro que tenga esta opción.

Ya con la tarjeta en nuestro poder decidimos coger el metro, en Londres “underground”. Tomamos la línea Picadilly Circus, que, hasta la parada con el mismo nombre, en hora punta, tardó cerca de cincuenta minutos que tuvimos que pasar de pie y con una cantidad ingente de personas dentro del vagón. Por un momento pensé que iban a aparecer los japoneses a empujar a las personas dentro de los vagones. Íbamos como sardinas en lata.

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Este era nuestro apartamento en Londres. En el barrio de Kennington.

Nuestro apartamento, que alquilamos en AirBnB, se encontraba en el barrio de Kennington. Es una zona residencial de la zona sur del Támesis, que tiene lo básico para la vida pero que sí está algo alejado de las atracciones turísticas. A nosotros nos gustó por la tranquilidad del barrio, aunque de noche nos pareció un poco solitario. De haber viajado sola no lo consideraría muy apto. Por otro lado, nos resultó un barrio poco acogedor y algo distante. Posiblemente sus habitantes no están acostumbrados a ver demasiados turistas por esa zona y llamábamos ligeramente la atención. Los trabajadores en bares y supermercados no fueron muy amables, de hecho, el cajero del supermercado al que solíamos ir nos intentó timar con el cambio.

Llegamos al apartamento en torno a las 16:30 y nadie estuvo ahí para recibirnos. Un tanto cohibidos comimos en la mini cocina del apartamento y decidimos salir para hacer un primer reconocimiento de la zona. Desde allí caminamos hacia el London Eye, atravesando el barrio de Kennington y Waterloo, ambos muy recomendables.

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Estas son las típicas casas que encontraréis por Kennington Road. Ladrillos y más ladrillos.

En Kennington los “flat” tienen la tipología típica de la época victoriana. Edificios de ladrillo ennegrecido, ventanas rectangulares, puertas negras. Y frente a ellas un jardín que, dependiendo de los dueños, podía estar bien cuidado o ser más salvaje. Kennington Road es, sin duda, un escaparate de edificios que empezaron a construirse en 1750. ¡Toda una maravilla!

El London Eye —o CocaCola London Eye— es una noria cuyas cápsulas te brindan una de las mejores panorámicas de la ciudad. La primera vez que visité Londres me subí, pero en esta ocasión ni nos lo planteamos. El precio de estas atracciones me parece abusivo y, sinceramente, no es para tanto. Desde allí nos dirigimos hacia City of Westminster, donde se encuentra el Parlamento y su torre, el Big Ben.

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Al otro lado del Támesis se encuentra el Parlamento británico y el Big Ben

No sabemos si fue la escasa afluencia de gente por esa zona —lo que nos resultó extraño, cuanto menos— o si al final esos edificios los teníamos tan vistos que no nos sorprendieron. La cosa es que ese intento por llevarme bien con Londres, al menos, el primer día, no se hizo realidad. Mi compañero de viaje, decepcionado, se esperaba más de una ciudad como esta.

Comenzó a llover y, aunque decidimos ir hacia el oeste de la ciudad para explorar, finalmente volvimos a casa para buscar un sitio donde cenar y descansar. Hacía frío y llovía, cosa que no nos esperábamos. El pronóstico del tiempo nos engañó. ¡Y nosotros pensando que íbamos a estar en pantalón corto!

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Otro símbolo de Londres es el London Eye (ahora denominado CocaCola London Eye…)

Decidimos entrar en un pub de la zona de Kennington llamado The Dog House. Creíamos que iba a ser más barato que en el centro, pero los precios no varían demasiado. Tomamos una hamburguesa, que no se salía de lo normal, y una cerveza. Era un pub lleno de locales. Allí tuvimos nuestro primer contacto con la opinión de los londinenses sobre el Brexit. No estábamos en la conversación, pero parece ser que el mito de que los españoles no sabemos inglés sigue vigente y parecían no darse cuenta de que podíamos oír lo que se decía. Supongo que el argumento de que los españoles vamos a otros países a robar el trabajo a los ingleses no debía extrañarnos, pero que lo dijeran con nosotros presentes y sin cortarse un pelo, no lo esperábamos.

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Nuestras vistas desde la mesa del pub. Al frente, casas del estilo típico de Kennington.

Segundo día: descubriendo Londres

Comenzamos la mañana con un café en el barrio de Waterloo para llenarnos de energía. Fue un día movidito. Decidimos caminar hasta la Torre de Londres y el London Bridge a través del paseo que recorre los bordes del Támesis.

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Caminar por las orillas del Támesis es una de las cosas obligatorias si vas a Londres.

La Torre de Londres es uno de los atractivos más visitados de Londres, pero nosotros decidimos no entrar porque la entrada cuesta en torno a 25£ y se salía del presupuesto. Aprovechamos unos momentos para observar desde fuera la fortaleza y hacer fotos del puente.

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Tras esa fortaleza se encuentra la Torre de Londres, uno de los edificios más antiguos de la ciudad.

Cuando cruzamos el famoso puente nos dirigimos hacia la City de Londres, una zona llena de rascacielos y edificios en construcción de gran altura. Hoy en día este es el epicentro económico de Londres. Estas construcciones contrastan con algunas edificaciones que aún se conservan de principios del siglo XX.

Cerca de la catedral de San Pablo está el barrio de Temple. Este barrio nos encantó y no sabemos si porque estaba desierto y no había miles de personas ocupando las aceras, o por el estilo de los edificios. Por el camino, además, fuimos descubriendo edificios sorprendentes como los Reales Tribunales de Justicia. Aprovechamos, además, a fotografiar todos los pubs que íbamos hallando por el camino. La última vez que estuve en Londres no me percaté de ellos y esta vez ¡no paraba de verlos!

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Como ves, estaba yo sola en la calle, disfrutando de tamaño edificio! Era gigante.

La misión del día era visitar dos museos: el Hunterian Museum y el museo de John Soane. La mala suerte hizo que ambos estuvieran cerrados. El primero estaba cerrado por obras y el segundo porque los domingos y los lunes permanece cerrado. Si quieres descubrir algo diferente en Londres son dos museos que debes visitar. Yo, al menos, no me los perderé la próxima vez que vaya. Ambos son gratis.

Además, se encuentran en la misma plaza donde se ubica la Lincon’s Inn. Indagando sobre estas pensiones, descubrimos que se trata de residencias para estudiantes —normalmente, los mejores estudiantes y los que se lo puedan permitir— de carreras judiciales, de abogacía o ingenierías. En la misma zona y no muy lejos se encuentran también la Staple Inn y la Gey’s Inn. En ninguna de ellas se permite la entrada, ya que, en resumidas cuentas, son propiedades privadas.

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El puente de Londres está bastante alejado del centro de la ciudad. Después de verlo una primera vez, me pareció más pequeño todavía.

Sin muchos más planes que cumplir, anduvimos hacia el Soho. Sin duda, nuestro barrio preferido. Allí fuimos al Secret Soho’s Tea Room para reservar cita para el Afternoon Tea del día siguiente.

Por la misma zona y no muy lejos se encuentran los Seven Dials y en una de sus calles (no diré cuál, para que podáis descubrirlo por vosotros mismos) se encuentra Neal’s Yard, una placita muy recóndita donde los edificios de colores, los banderines y el buen ambiente que desprende este lugar os hará recuperar fuerzas para el resto del paseo por Londres.

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Dentro de los Seven Dials puedes encontrar este rinconcito llamado Neal’s Yard. Todo un descubrimiento!

Ese día cenamos en el pub The Three Greyhounds. Jorge comió una hamburguesa y yo “sweet potatos”. Lo cierto es que la cena se hizo esperar. Se les olvidó nuestra comida en el montacargas y ahí podría haber seguido de no haber avisado. Cuarenta minutos después de haber pedido ya estábamos comiendo.

Muy cerca de allí, a escasos metros, se encuentra China Town. Nunca había estado en un barrio chino antes, así que me gustó bastante. Tiene todo tipo de detalles, como los nombres de las calles en chino o las entradas con los típicos toriis. Desde allí nos hemos dirigido a la plaza de Covent Garden, un mercado cubierto donde se reúnen todo tipo de mercaderes y restaurantes. Estaba tan abarrotado que no nos quedamos demasiado tiempo, lo justo para disfrutar de un concierto de una cantante de ópera.

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Esta es una de las puertas de entrada al barrio chino de Londres.

El día ya llamaba a su fin. De vuelta a Trafalgar Square las escaleras de la National Gallery nos pedían sentarnos y descansar. Desde allí, y en metro, volvimos a casa para una merecida ducha.

Primero, siento enseñaros estas fotos con cielos hiper quemados. Mi cámara es una mierda y hace fotos de mierda. Y segundo: ¿qué descubriste en Londres en tu primera vez? ¿La odiaste o la amaste? Creo que no es una ciudad de grises…

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2 comentarios en “Cuatro días de reencuentro y reconciliación con Londres

  1. Pues la primera vez que estuve en Londres ya me gustó. Fuimos un día aprovechando que mi hermana vivía en Sheffield y nos acercamos a conocerla. La segunda vez fuí con un amigo y la verdad que la descubrí de largo. Fue hace tiempo y y me pareció una ciudad aun muy diferente a España con muchos contrastes y divertida. Además siempre que he ido ha hecho buen tiempo. La ultima vez que la visité fue un poco raro: fuimos mis hermanas y yo con nuestras parejas. Era la primera vez que haciamos un viaje todos juntos y las condiciones de la habitación hicieron un poco dura la estancia. Un baño solo con gente que acabas de conocer. Y uno es italiano. Pero siempre ha sido un lugar donde me lo paso bien y guardo buenos recuerdos de ella.

    • Es que es muy diferente a España, yo no encontré nada en común con nuestras ciudades! Yo no sé si volvería, la verdad. Eso sí, creo que ya me llevo mejor con ella…

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