Qué ver en York en un día

De Londres a York y tiro porque me toca…

La idea de hacer una parada en nuestro camino a Edimburgo desde Londres surgió al ver en el mapa de Inglaterra la ciudad de York —pillaba de camino—. Además, nos habían recomendado esta ciudad anteriormente, así que decidimos aprovechar el día de viaje para visitar en unas horas el centro histórico de York.

Aviso, lo que váis a encontrar en este post no es una guía de viaje por York porque no conozco la ciudad. He estado allí menos de seis horas y sólo puedo hablar de lo que pude ver, cargada con una mochila y con lluvia constante cayendo sobre nosotros. 

No fue la visita ideal y tampoco creo que llegamos en el mejor momento, así que puedo decir que York fue algo así como agridulce.

Un trayecto en tren por los campos y la costa inglesa

El día no comenzó demasiado bien cuando llegamos a la estación dos horas tarde, perdiendo el tren de ida a York. Tuvimos que pagar más del triple por el billete —que habíamos sacado con antelación— y al final eso agrió un poco más el viaje.

Compré el billete en una plataforma de reservas online. Con casi tres meses de antelación y alguna oferta, el billete de Londres a York nos costó 15€ a cada uno. El billete no incluía reserva de asiento, pero una de las azafatas nos informó que al final, las reservas daban igual. Así que nos sentamos en los primeros sitios que vimos libres y, ya en camino, difrutamos del paisaje —sobre todo al salir de Londres— de los campos verdes ingleses. Conforme nos íbamos acercando a York más verde se volvía, y también más gris.

York
Catedral de York cuando nos íbamos. El sol salió para despedirnos de esta ciudad…

La llegada a York: nubes, nubes y más nubes

El día antes en Londres nos había hecho un sol espléndido y pudimos disfrutar de un día inolvidable por Camden Town. Pero la llegada a York no pudo ser más melancólica. Ya sabéis, nubarrones amenazantes y la humedad que atenaza los huesos.

Desde la estación de tren —bastante grande y con baños gratuitos— hasta el centro histórico hay un paseo de unos diez minutos largos caminando. A las afueras paran taxis y autobuses, pero sinceramente, el paseo merece más la pena. Para entrar en la zona histórica atravesamos el Lendal Bridge sobre el río Ouse. Allí me di cuenta de que York es una ciudad a la que me gustaría volver con luz solar, con la viveza que da un cielo despejado. Los ríos, los cielos  azules y las ciudades medievales siempre resultan en una buena combinación. En esta misma calle se encuentra la oficina de turismo, donde no tuvimos mucha suerte y la información que nos proporcionaron se redujo a “estáis aquí, los Shambles aquí y el castillo aquí”.

York
Desde las murallas se pueden observar las traseras de los edificios.

De paseo por las murallas de York

Y es que York es una ciudad pequeña, cuyo centro histórico está delimitado por la muralla de origen romano. No está completa y faltan algunos fragmentos, pero se puede recorrer en los diferentes tramos conservados. ¡Y sí, es gratis!

York
Una de las puertas que dan acceso a la muralla y que permiten la entrada y la salida peatonal de la ciudad vieja al resto de York

Nosotros entramos por la Bootham Bar, una puerta muy bien conservada, y anduvimos sobre la muralla durante unos quince minutos, disfrutando de las partes ocultas de la ciudad que sólo pueden observarse desde la muralla como Dean’s Park. Parecíamos intrusos a punto de saltar sobre las traseras de las casas, de las pensiones, de los hoteles… Desde esas alturas pudimos contemplar la catedral asomándose por los huecos de los edificios, por las calles, por los jardines. Descendimos por escaleras estrechas a través de la puerta Monk Bar, que nos llevó muy cerca de la Holy Trinity Church.

York
Otra vista más desde las murallas. Muchos de estos edificios hoy son hoteles, o al menos eso nos pareció.

Lo más conocido de York: The Shambles

La catedral —o York Minster— es el centro neurálgico de esta pequeña ciudad. De estilo gótico inglés, las dos torres flanqueando la entrada principal parecían querer rascar el cielo con sus agujas esquineras. Los grupos de turistas se arremolinaban en la base para poder captar, casi tirados por el suelo, la magnificencia de esta construcción —luego nosotros hicimos lo mismo—.

York
La catedral de York es muy bonita y llama mucho la atención. A mí es de lo que más me gustó.

Las calles parecían algo desiertas después de la lluvia. En este país parecen estar acostumbrados a desvanecerse en cuanto una gota de lluvia cae sobre el asfalto. Nos internamos en el laberinto de calles estrechas, adoquinadas, abarrotadas. ¡Qué pena me da no poder disfrutar de estos lugares tan especiales porque no se les ve! “The Shambles”, con sus casas de ladrillo aviejado, las vigas vistas de madera apolillada, los segundos pisos amenazando con desplomarse en cualquier momento, los carteles de los establecimientos anunciando que más que en una calle de York nos encontrábamos en el Callejón Diagon o en Hogsmeade. Una tienda con material de Harry Potter nos confundió todavía más.

York
The Shambles, el principal objeto turístico de la ciudad de York estaba hasta los topes.

Comiendo garbanzos en el Shambles Market de York

Poco a poco las nubes fueron arremolinándose y el chaparrón inminente cayó, dejándonos en la intemperie de una calle muy transitada. Ya llegaba la hora de comer y el hambre apretaba, por lo que entramos en la Shambles Market, donde se encontraba un mercadillo a punto de cerrar.

York
The Shambles Market acoge en su plaza estos edificios medievales. Uno de ellos es una cafetería que, si llegas a tiempo, sirve Afternoon Tea a bastante buen precio

Aprovechamos las lonas para evitar la lluvia y pedimos un plato de garbanzos con curry a una pareja de chicos que estaban en empezando un negocio de comida vegana. Esto nos costó 4€ a cada uno. En el mercado también había varios food truck de comida del mundo, mucho más caros.

York
Justo detrás de The Shambles se encuentra este mercadito con Food Trucks como este, en el que servian crepes dulces y saladas.

El castillo de York o la Clifford’s Tower

Esperamos pacientemente a que escampase y nos movimos por la misma plaza del mercado, observando algunas construcciones más antiguas, al estilo de los Shambles. La lluvia nos dio un respiro y pudimos pasear por las calles de York. Caminamos por Parliament Street hasta la zona de Picadilly, acercándonos al castillo.

York
De camino al castillo puedes pasear por un tramo de la orilla del río Fuss como esta.

Desde allí anduvimos por las orillas del río Foss hasta la Clifford’s Tower, una torre que ha sobrevivido desde el siglo XI y que ha tenido multitud de funciones. En realidad, son los restos de un castillo medieval, mandado construir por Guillermo el Conquistador y que con el tiempo y por diversos avatares, terminó siendo una torre defensiva.

York
La Clifford’s Tower preside esta colina y hace honor a su uso como torre defensiva.

Lo que nos dejamos en el tintero

No teníamos mucho más tiempo, nos habíamos mojado y llevábamos la mochila a cuestas, así que decidimos meternos en una cafetería, tomar un café y volver a la estación para tomar nuestro último tren por Inglaterra. Quedándome con la sensación de haber conocido una ciudad con mucho potencial, desearía volver y no perderme el York Castle Museum, la Roman Bath house o recorrer el resto de la muralla durante las casi cuatro horas que dura su recorrido.

No te cortes, comenta...

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: