Diario de viaje de Edimburgo (día 1)

Primeras impresiones: una misteriosa bienvenida a Edinburgh.

Llegamos a la estación de Waberly sobre las nueve de la noche desde York. Edimburgo está situada a la altura de Copenhague por lo que sus horas de luz son mucho más amplias que en España. Mientras aquí estamos acostumbrados a tener luz —en verano— desde las siete de la mañana hasta las nueve de la noche, allí la amplitud horaria abarca desde las cuatro hasta casi las diez de la noche.

Al bajar del tren, sobre las nueve y media, como digo, todavía no era de noche. Al menos, no era noche cerrada y entre las nubes se dejaba ver ligeras tonalidades rosadas de un pasado anochecer. Suficiente luz para que la ciudad ya nos pareciera misteriosa en el primer minuto de poner pie en tierra.

Fue pisar el andén y sentir un ligero estremecimiento. Muy ligero, etéreo, sutil. No sabíamos qué era, pero algo ocurría. Al salir de la estación los edificios parecían extender sus brazos negruzcos sobre nosotros en una especie de bienvenida tétrica y fosca. ¿Qué demonios le ocurría a esta ciudad?

¿Conoces esa sensación estremecedora cuando algo te resulta extraño, cuando no terminas de entender qué es lo que pasa, pero sabes que algo ocurre?

La turística Royal Mile

Edimburgo está construido sobre una antigua zona volcánica. La ciudad antigua sobresale por encima del resto de la ciudad, un tanto solemne. Pareciera como si tuviese que demostrar algo al mundo con esas torres y chimeneas rascando el cielo.

Edimburgo
En lo alto de la colina se encuentra la Old Town. El Castillo de Edimburgo o la Royal Mile son algunos de sus intereses turísticos más importantes.

Era el primer día y seguía haciendo frío. Era pleno agosto y no pude quitarme la única chaqueta que había llevado al viaje “por si acaso”. La Royal Mile parecía un hervidero de gente correteando de una acera a otra atravesando la estrecha vía de empedrado. Es esta la vía principal de la Old Town, llena de tiendas de souvenirs, de restaurantes donde sirven comida típica —los Haggis— y pubs escoceses.

Edimburgo
Las tiendas de la Royal Mile. Puedes encontrar desde las típicas tiendas de souvenir a pubs escoceses con las comidas típicas.

Poco a poco fuimos descendiendo por esta larga calle, quedándonos asombrados con la arquitectura de esta ciudad. Lo que ya nos sorprendió de ella la noche anterior nos volvía a hacer levantar la vista y observar alto.

Edimburgo
La ciudad de las chimeneas, la llaman. ¡Y no me extraña!

De camino a Calton Hill: el cementerio de Calton

El final del camino lo marca la llegada al Palacio de Holyrood. A la derecha, el imponente Arthur’s Seat, a nuestra izquierda el camino hacia Carlton Hill y a nuestra espalda, el Parlamento escocés. Aunque no tuvimos la ocasión de entrar, nos comentaron que es un lugar muy recomendable, no solo por el edificio arquitectónico moderno, sino por la oportunidad de poder entablar conversación con cualquier parlamentario que deambule por allí. Algo que, sin duda, no es nada común en nuestro país.

Edimburgo
Arthur’s Seat es un mirador exepcional de la ciudad de Edimburgo. Cuesta en torno a hora y poco más en subir.

Decidimos ir a mano izquierda y curiosear un pequeño montículo verde. En Edimburgo todo es verde y gris. Antes de subir hasta Calton Hill entramos en el Cementerio de Calton. Este cementerio tiene algunas tumbas de hombres famosos en su tiempo, como David Hume.

Edimburgo
El Cementerio de Calton es famoso por algunas historias que cuentan en los tours sobre el lado oscuro de Edimburgo.

El paseo nos llevó por Calton Road hasta Waterloo Place, lugar donde acceder a la famosa Calton Hill. Desde esta pequeña colina se han sacado las fotografías panorámicas más famosas de Edimburgo. El edificio tan fotografiado con tipología de templo griego o tholos es un monumento a Dugald Stewart. Todo en esta colina está construido en estilo neoclásico, incluido el famoso monumento nacional cuya historia contaré en los próximos capítulos.

Edimburgo
Vistas de Edimburgo desde Calton Hill

Un primer acercamiento a la New Town de Edimburgo

Llegó la hora de comer y la hora de la lluvia. No sabéis la frustración de viajar en verano con poca ropa de abrigo y encontrarte un clima tan desesperante. En Edimburgo puedes disfrutar de un sol de justicia, de chaparrones que te calan hasta los huesos y de un frío helador que te congela en un solo día. Decidimos hacer un alto en el camino y volver a nuestro albergue para reponer fuerzas con una taza de té.

Edimburgo
Edificios de la Royal Mile. La gracia de Edimburgo radica en sus edificios ennegrecidos.

De vuelta a la ciudad, esta vez caminamos hasta el Monumento a Walter Scott en Princess Street. Este monumento preside la calle principal de la New Town. Walter Scott es uno de los poetas más queridos por los escoceses, de ahí que le construyeran un gran edificio como este. Hoy en día se puede subir para disfrutar de vistas panorámicas de la Old Town, aunque otras muchas personas suben únicamente para acabar con su vida.

Edimburgo
El monumento a Walter Scott es uno de los puntos de referencia de la ciudad.

El sol volvió a saludar y aprovechamos el momento para hacer algunas fotos en dicho monumento. Después, nos dirigimos a explorar la New Town. El centro de Edimburgo es Patrimonio de la Humanidad, pero no sólo la parte vieja, también la “ciudad nueva”. En su mayoría se trata de edificios neoclásicos. El modelo urbano está estructurado en forma de damero. De vez en cuando nos encontrábamos zonas verdes de forma elíptica o circular. Después descubrimos que estas zonas verdes —que suelen estar cercadas— son de uso exclusivo para los vecinos de las casas que rodean a estos parques.

Edimburgo
Una de las plazas elípticas de la New Town.

Seguimos caminando hasta que llegamos a lo que parecía un pueblo medieval. No sabíamos lo que era y pasamos de largo, ya poniendo fin al día. ¡No sabíamos que tendríamos que volver por el mismo camino para visitar Dean Village!

Escapada a York

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