Qué ver en Lituania en tres días

Itinerario

  • Día 1: Vilna
  • Día 2: Vilna – Trakai – Klaipeda
  • Día 3: Klaipeda – Istmo de Curlandia – Siauliai – Riga

Conociendo un poco de Lituania

Lituania es el tercer país que conforma los Países Bálticos. Sus fronteras vecinas a Polonia y Bielorrusia nos hablan de un país con fuertes influencias alemanas y rusas. Hasta el siglo XVI consiguió permanecer impasible a los ataques de la cristianización pero a partir de entonces, Lituana se ha convertido en un baluarte del catolicismo.

Su historia se ha tejido a partir de las numerosas invasiones que ha tenido que soportar durante los últimos siglos, desde la invasión polaca hasta la posterior invasión rusa. Con el triunfo de la Revolución Rusa consiguió por primera vez en 1918 convertirse en un Estado fuerte.

Las aspiraciones nacionalistas que habían sido cocidas a fuego lento durante toda la dominación zarista resurgieron en este momento. Fue la Segunda Guerra Mundial la que les devolvió de nuevo a territorio ruso y esta vez permanecieron dentro del bloque comunista hasta 1989-1990 con la caída del muro de Berlín y la consecuente disolución de la URSS.

Una historia llena de invasiones por uno u otro frente que han moldeado las formas y costumbres de este país con influencias tanto alemanas como rusas.

Día 1

De paseo por la capital: Vilnius

Vilna es la capital de Lituania.

Se encuentra en el interior del país, muy cerca de la frontera con Bielorrusia y, su población sobrepasa ya el medio millón de habitantes. Tal vez, de los tres centros históricos de las capitales de los países bálticos —Tallinn, Riga y Vilna— esta última sea la menos atractiva turísticamente, pero no os dejéis engañar.

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Detallitos escondidos de la ciudad de Vilna

De los tres países, Lituania es el menos desarrollado y eso se puede apreciar en cómo afronta el turismo.

Es una capital barata, tranquila, con un turismo local familiar; a mí personalmente este tipo de ciudades me gustan para poder pasear por ellas con calma, sin tener prisa por ver todos los monumentos y museos que tenga que ofrecer.

Poco turismo, poca masificación y poca gentrificación.

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En temporada baja la calle principal se ve tal que así al mediodía!

El casco antiguo de Vilna —Patrimonio de la Humanidad en 1998— se puede recorrer a pie perfectamente. También se puede usar la bicicleta, pero hay una serie de elevaciones —como la Colina de las Tres Cruces— desde las que se tienen geniales panorámicas de la ciudad donde la bici puede resultar un engorro.

La ciudad está plagada de iglesias, como la Iglesia de Santa Ana, una iglesia gótica impresionante de ladrillo. La mayor parte de las iglesias católicas son de estilo barroco y neoclásico pero también podéis encontrar iglesias ortodoxas muy cuquis.

Y no nos podemos olvidar de la catedral del Vilna, una mole neoclásica que, en mi humilde opinión, no puede competir con otras catedrales europeas. ¡El gótico me pierde!

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La catedral de Vilna en todo su esplendor. Menuda mole neoclásica se montaron aquí los amigos arquitectos del XIX…

Aprovecha para visitar las afueras: el barrio de Užupis

Pero además de iglesias y de calles pintorescas a las afueras de Vilna se encuentra uno de los barrios más atractivos para los jóvenes y no tan jóvenes que gusten de disfrutar de lugares diferentes y auténticos: el barrio de Užupis.

La entrada al barrio de Uzupis donde ya se advierte que entras a un lugar especial 🙂

Situado al otro lado del río Vilnia alberga multitud de galerías de arte, cafés y patios que, aunque se están adaptando a un estilo pintoresco —por no decir hipster-moderno—, han conservado la antigua estructura de los edificios y eso mola.

Perderse por sus calles y curiosear por los cafés tiene que ser toda una delicia. Digo “tiene que ser” porque nosotros apenas tuvimos tiempo de disfrutarlo. Fuimos en marzo y allí a las cinco de la tarde ya es de noche y ¡casi todo estaba cerrado!

Además, en 1997, se declararon independientes y poseen su propia constitución que hoy en día se puede leer en todos los idiomas en la calle Paupio. Está muy chulo 🙂

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Constitución de Uzupis

Día 2

La visita imprescindible: Trakai y su castillo

Si viajas a Lituania no puedes dejar pasar la oportunidad de visitar Trakai. Desde Vilna en coche se tardan apenas 30 minutos y no tiene pérdida porque es un lugar turístico y está bien señalizado. Nosotros fuimos en invierno y tuvimos la oportunidad de visitarlo con el lago completamente congelado, pero en verano el verde de la vegetación y el reflejo naranja del castillo sobre el lago tiene que ser una delicia.

El castillo de Trakai se construyó en una de las muchas islas del lago Galvé en época del rey Vytautas —veréis multitud de alusiones a este personaje por toda Lituania—. El castillo perdió su relevancia en el siglo XVII cuando fue prácticamente derruido y hasta 1950 permaneció en ruinas hasta que los soviéticos, en torno al 1960, encargaron su reconstrucción actual.

La entrada al castillo cuesta 8€ para adultos y 4€ para estudiantes y jubilados.

Nosotros no entramos porque hacía demasiado frío y llovía y el viento gélido prácticamente nos congeló orejas, pies y manos. En fin, que mejor que vayáis en verano… aunque el paisaje tétrico/romántico que tiene en invierno es super chulo.

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Vistas del castillo de Trakai desde la orilla del lago congelado. Estaba lloviendo en ese preciso instante…

Fuera de Trakai podéis pasear por el pueblo o si el tiempo os acompaña, elegir una de las muchas rutas de senderismo que hay por la zona y que podéis ver aquí.

Y  no te olvides de probar el plato típico de Trakai en los numerosos restaurantes que rodean la zona. En este post te cuento algunos de los platos más destacados de la gastronomía lituana.

Qué comer (y beber) en los Países Bálticos

Klaipeda: la entrada al parque nacional del istmo de Curlandia

Tras un recorrido en coche de unas dos horas y pico desde Trakai llegamos a Klaipeda.

Esta ciudad en sí no es muy destacable —turísticamente hablando— y su importancia radica en que es el enlace con el istmo de Curlandia, nuestro siguiente destino. Poco pudimos disfrutar de esta ciudad porque no paró de llover, pero fuimos unos valientes y paseamos un ratillo bajo la lluvia hasta la hora de cenar.

Esta ciudad es el único puerto de mar que tiene Lituana y fue el punto desde el cual entraron los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial para ocupar el territorio lituano y comenzar la Operación Barbarroja frente a los soviéticos.

Historia aparte —lo sé, me embalo y no hay quien me pare—, esta ciudad tiene mucha influencia alemana y prusiana, de ahí que vayas a encontrar edificaciones muy típicas de este país: casas con vigas de madera vistas con tejados de tejas naranjas y colores llamativos.

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Típica casa que puedes encontrar paseando por el centro de Klaipeda

A mí fue una ciudad que me gustó y que me hubiese gustado visitar en temporada alta porque seguramente cambia de forma radical. Lo cierto es que la lluvia y el frío nos presentaron una ciudad vacía, fría y un poco desangelada, pero aún así creo que tiene su encanto.

Mi recomendación: perderse por las callecitas del centro histórico para descubrir las casas típicas, patios que te transportan a siglos pasados y la multitud de esculturas que están repartidas por toda la ciudad; y no hablo de esculturas de gran tamaño, sino pequeñas curiosidades que hacen más ameno el paseo por Klaipeda.

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La ciudad de Klaipeda está plagada de miniaturas como esta

Día 3

La joya de la corona: el parque nacional del Istmo de Curlandia

Al día siguiente partimos hacia el ferry que nos trasladó hasta el Istmo de Curlandia y que nos costó 12,65€. Es un Parque Nacional y para poder entrar en coche hay que abonar 5€ a la entrada. También se puede entrar sin transporte o en bicicleta, dado que hay rutas para senderismo y carril bici. Para más información puedes echar un vistazo en la página oficial de la oficina de turismo de Klaipeda.

El Istmo de Curlandia tiene una sola carretera que recorre a lo largo el espacio natural. Os aconsejo mucha precaución y no sobrepasar los límites de velocidad, en primer lugar porque la carretera es estrecha y no hay arcenes, en segundo lugar porque la carretera discurre en torno a los lindes del bosque, por lo que la afluencia de animales es evidente. Nosotros tuvimos suerte y vimos un zorro sentado en la orilla de la carretera super mono, pero es que también hay ciervos y jabalíes. ¡Así que ojito!

La península de Curlandia está formada por dunas y bosques de pinos. Las playas se encuentran en la zona occidental, de arena blanca, muy fina, que son frecuentadas por los lituanos en verano.

Dentro de la península se encuentra la población de pescadores de Nida, un punto fuerte dentro del recorrido y que no os podéis perder, sea invierno o verano.

Asimismo, la Colina de las Brujas es un punto interesante, aunque en el pueblo de Nida el cementerio ofrece una imagen también peculiar.

Como dato curioso, la península de Curlandia termina en el territorio ruso de Kaliningrado. Así que si continuáis por la carretera tras pasar por Nida, llegaréis a la frontera y el peaje correspondiente.

el istmo de Curlandia
Y ahí lo véis, el mar Báltico y la duna…

La colina de las cruces en Šiauliai

Ese mismo día pusimos rumbo hacia Riga. Nos esperaban unas cuantas horas de carretera y decidimos parar en la Colina de las Cruces de Šiauliai. Para llegar no hay que entrar en la ciudad, de hecho, se encuentra en un lugar bastante apartado.

La Colina de las Cruces —o Kryziu kalnas por si el navegador GPS no lo encuentra— es una colina repleta de cruces, tal cual. Durante la época zarista a mediados del siglo XIX, esta colina comenzó a llenarse de cruces como forma de protesta contra la represión de los levantamientos populares en defensa del catolicismo.

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Detalle de crucifijos colgados en más cruces

Con la llegada de la nueva ocupación soviética esta colina, que ya se había convertido en un símbolo, fue destruida en los años 60. Poco después nuevas cruces volvieron a aparecer y volvió a ser desmantelada. Esto fue ocurriendo hasta su independencia, siendo a día de hoy un ejemplo de la fuerza que este rito tiene en Lituania.

Dejando de lado su valor histórico y/o religioso este lugar es digno de ver.

Es impresionante la cantidad de cruces, crucifijos y esculturas religiosas que se han ido acumulando durante años y años. Nosotros lo pudimos disfrutar a solas, con un anochecer de fondo precioso y una ligera brisa que balanceaba los crucifijos provocando algún que otro escalofrío con su tintieno. Si os gustan ver lugares curiosos este es un buen destino. Y sí, es gratis —por ahora—.

Y con Siauliai terminó nuestro periplo por Lituania en tres días. Fue un viaje corto pero intenso y nos sirvió para paladear este país que tiene muchísimas cosas que ofrecer. Yo, sin duda, volveré y recorreré la zona sur y este del país que fue lo que no pudimos abarcar.

La colina de las cruces desde dentro del laberinto

¿Habéis estado en alguno de estos lugares? ¿Cuál os gustó más? ¿Conocéis otros sitios que son imprescindibles de Lituania? ¿Cambiarías o añadirías algo al recorrido? ¡Compártelo conmigo!

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