Museos gratis, afternoon tea y capitalismo salvaje: tercer día en Londres

En esta nueva entrada, que se ha hecho de rogar —he estado de mudanza— os cuento lo que hicimos en nuestro tercer día por la capital londinense. ¿Qué vais a encontrar aquí? Pues un poco de todo. Museos, té en un pub inglés secreto y mucho, mucho capitalismo. Pero es que, qué queréis, estábamos en Londres.

En Londres los museos son gratis y eso nos gusta

Seguramente una de las cosas que más me gustan de los países anglosajones es que los museos que no son privados, son gratis. Otra de las cosas que más me gusta de viajar es ir a los principales museos, recabar información histórica sobre el país en el que estoy y de ese modo hacerme una idea general de lo que veo.

Ese día decidimos separarnos. Yo ya había visitado el British y me apetecía pasar una mañana entre cuadros. Me encantan las galerías de arte así que, cómo no, la visita de aquel día se centró en la National Gallery.

Londres
Trafalgar Square con la National Gallery, ya a última hora.

Pero antes de todo eso, os voy a contar un par de detalles. Antes de ir a Londres —en un viaje que supuestamente no tenía nada organizado— admito que estuve curioseando en algunos blogs sobre cosas alternativas que ver y hacer en Londres. Una de las cosas que llamó mi atención fue la existencia de un túnel en el que se concentran grafiteros y artistas motivados por el propio Banksy para utilizar un lugar abandonado como lienzo. La idea me pareció genial cuando lo leí en el blog. Banksy es uno de los artistas callejeros más renombrados del mundo, así que oye, cualquier iniciativa de ese calibre tenía que estar guay.

El túnel en concreto se encuentra en Leaky Street, es un túnel que atraviesa las vías del tren en el barrio de Waterloo. Sinceramente, no fue nada del otro mundo. Creo que el lugar se ha vuelto a abandonar o tal vez es que fuimos en el momento equivocado, pero allí no vimos arte callejero, sólo murales emborronados por firmas y pintadas sin sentido. Alguno de los antiguos grafitis se podía salvar, pero a duras penas. Vamos, que, si tenéis pensando ir a Londres y habíais visto la misma recomendación que yo, probad a pasaros para confirmar que allí ya no hay grafiteros embelleciendo la pared de un túnel abandonado.

Londres
Trafalgar Square con la columna de Nelson mirando hacia el Big Ben.

Ya en Trafalgar Square nos dividimos. Jorge al British y yo a la National Gallery. Os contaré mi punto de vista. Como bien sabéis el museo es gratis pero no las audio-guías y, sinceramente, a mí eso de ver cuadros por ver, no me motiva. Soy fan de las audio-guías, así que me hice con una en español por 3,5£ y un mapa del museo para comenzar el “tour”. La primera vez me perdí y puede que diese otras dos o tres vueltas al museo hasta que por fin encontré el comienzo del itinerario.

En este museo podréis admirar obras de Velázquez como la Venus del Espejo o Cristo en casa de Marta y María; obras de Van Dyck como el Matrimonio Arnolfini —qué genialidad— o de Hans Holbein y su cuadro Los Embajadores. También hay una gran colección de arte medieval inglés y cómo no, de arte contemporáneo, como el genio de Turner y sus marinas llenas de color y movimiento. Entre otros cuadros está uno de los tantos Girasoles de Van Gogh. Y aquí viene mi consejo: no seáis necios, no os paréis a hacer cola para hacer la foto a este cuadro, no; sólo tenéis que dar la vuelta y observar el maravilloso cuadro puntillista de Seurat, Un baño en Asnieres. De verdad, merece muchísimo más la pena.

Afternoon tea secreto en pleno Soho

Hambrientos y con ganas de descansar un ratillo nos sentamos en las escaleras de Trafalgar Square y disfrutamos de nuestros bocadillos hasta la hora del té. Porque sí, teníamos cita —por si no lo recordáis— en el Secret Soho’s Tea Room. ¡Estaba emocionadísima!

Este lugar es como teletransportarse a los años 40. Para acceder a él hay que entrar en un pub típico inglés —con un camarero más soso que el pan sin sal— y subir por sus dependencias hasta el salón de té. Es un lugar pequeño, sin demasiada afluencia de turistas, alejado del barullo y la vorágine urbana. La dueña, una mujer de marcado acento inglés, nos atendió de maravilla. Nosotros, por eso de tener un presupuesto limitado, elegimos el té más barato y dos piezas de tarta, una de chocolate y otra de café —que estaba riquísima—. Sólo os diré que salimos rodando de allí. El té nos lo sirvió en una tetera que parecía no acabarse nunca y los trozos de tarta fueron, sin duda, contundentes. El precio también lo fue.

Londres
Afternoon tea en el Secret Soho’s Tea Room. Té earl grey, tarta de chocolate y tarta de café

Londres es más que tiendas. ¡Gracias por tus parques!

Seguimos rodando por las calles de Covent Garden, anduvimos de nuevo por los Seven Dials y llegamos hasta el punto álgido del día. Un frenazo, gritos alborotados y un cuerpo en el suelo. ¡El susto que nos llevamos no fue pequeño! Qué peligroso es ser peatón en estas ciudades donde los límites de velocidad se respetan tan poco. En fin. Al final todo quedó en un susto y la mujer parecía estar bien, al menos físicamente.

Y así pusimos rumbo a Picadilly Circus, una plaza muy famosa de Londres por sus pantallas de neón con multitud de anuncios publicitarios. Ya veis qué cosas. Pues bueno, resulta que ni había anuncios ni había pantalla, obviamente. ¡Estaba en obras! ¡También! Así que —aún rodando— nos fuimos por Regent Street, una calle repleta de tiendas de alta gama y personas comprando en estas tiendas. Por lo que no, no nos sentimos muy a gusto en esta calle.

Londres
Comienzo de Regent Street desde Picadilly Circus

Por sorpresa encontramos Carnaby —nosotros nos encontramos las cosas por accidente, como veis— una zona muy coqueta, con edificios decorados, pubs vintage y tiendas de ropa de estilo independiente. Luego descubrí que esta zona se hizo famosa en los años 60 precisamente por el tema de la moda. Parece ser que grupos como los Beatles y los Rolling Stones frecuentaban este mercado para comprar.

De algún modo llegamos a New Bond Street, una pasarela de moda de alta costura: Dior, Prada, Yves Saint Laurent… Fue entretenido ver esos escaparates tan decadentes como el mundo al que intentan atraer. Pero eso ya es otro tema. De nuevo en Regent Street anduvimos hasta Green Park para alejarnos de la marabunta de gente arremolinada entre tienda y tienda. A través de este parque —muy verde, por cierto— se puede llegar hasta el Buckingham Palace. Nos detuvimos durante unos minutos para descansar y hacer alguna foto, pero tampoco teníamos demasiado interés. No, no vimos el cambio de guardia.

Londres
Palacio de Buckingham.

Más interesante es el siguiente parque que rodea el palacio —nos encantan los parques grandes de las ciudades—. Se llama St. James Park y nos encantó por la cantidad ingente de animales que lo pueblan. Vimos cisnes, patos, ocas, pelícanos, grullas, ardillas —una de ellas nos intentó atacar y morder para quitarnos nuestra barrita Sneacker— y un largo etcétera. A través del parque se puede llegar hasta las Caballerías reales, que no tiene mucho más. El edificio es neoclásico como casi todo en Londres.

Londres
Pelícanos o algo parecido a pelícanos en el lago del St James Park.

Más hambrientos que una hiena nos dispusimos a buscar un lugar donde vendieran un buen fish and chips. Estábamos en Londres y queríamos probar la única comida típica de la ciudad. Al final lo probamos en el pub The Angel por 9,75£ —una ganga, os lo juro— y lo cierto es que no estaba nada mal. El lugar era tranquilo, callado, no había música y parecía más un lugar para charlar que para cenar, pero aun así lo hicimos y no nos salió mal de precio.

Con mucho cansancio encima de un día a todo tren, nos fuimos directos al apartamento. ¿Cómo terminamos la visita a Londres? ¡Descúbrelo en el siguiente episodio la próxima semana! Y si te perdiste el anterior, aquí lo tienes 🙂

Días 1 y 2 en Londres

Pregunta: ¿Qué es lo que más odias de las grandes ciudades como Londres?

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2 comentarios en “Museos gratis, afternoon tea y capitalismo salvaje: tercer día en Londres

  1. Los parques de Londres me gustan mucho, bueno, los parques de todas las ciudades, pero allí, lo que es una desventaja, que es la humedad, es estupenda para que tengan unos jardines geniales con unas plantas espectaculares todo el año.
    Lo que menos me gusta de las ciudades grandes? La suciedad y estar rodeado siempre de gente.

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